El Ávila se incendia poco a poco
A mis amigos de Caracas y de las zonas afectadas de Miranda y Vargas:
Lamento ver como el Ávila que me cautivó en ese tiempo que compartí con ustedes, ese Ávila que subí caminando con mi pana Enio, quien con paciencia me animó no sólo a subirlo, sino a llegar hasta Sabas Nieves, con la promesa de los famosos heladitos. Ese Ávila omnipresente que no podía dejar de ver, inmenso, verdecito, misterioso. Ávila Mágica en donde me enamoré estando en Caracas, que me enseñó lo que es estar dentro de una nube, me enseñó a temerla y respetarle. Ávila inmenso que siempre atesoraré en mi corazón, vaya donde vaya.
El ver tantas imágenes hoy de ese mismo Ávila incendiarse me ha provocado una conmoción, no sé si es porque estoy un poco resentido por varias cosas que han sucedido y aún suceden, la muerte de mi Bugsy, la triste necesidad de desincorporar a la señora que nos ayudó durante tanto tiempo en la casa, especialmente con la enfermedad de mi abuela, y bueno, los miles de pequeños problemas y achaques que cuando se juntan y acumulan pues, te forman un nudo en el pecho.
Lo cierto es que todo eso hoy, al ver las imágenes del Ávila en llamas, ha causado un derrumbe sistemático dentro de mi, y no es que esté haciendo modelos del cerro con puré de papas al estilo “Encuentros cercanos del Tercer Tipo”, es que hoy me he detenido, no he tenido ánimos de nada, hoy celebramos el cumpleaños de mi sobrino, que es por decirlo de algún modo, toda la fe que me queda de lo puro y bueno en este mundo, y he llegado tarde porque he estado como un zombie, como una sombra, como a medio estar.
El Ávila significaba para mi algo que simplemente estaba hecho para perdurar, eterno, estático. Era obvio que tanta sequía eventualmente cobraría víctima, no hay que buscar culpables porque la naturaleza tiene su propia dinámica. En todo caso, nosotros no hemos hecho mucho tampoco por cuidar los regalos que esta tierra tan maternal nos ha dado. Esa aparentemente infinita teta llena de agua limpia y potable, hicimos nuestro mayor esfuerzo en abusar de ella y sacarle.
Moraleja no pro-ambiental, porque ya todos estamos viejos y ya tenemos que saber las consecuencias de nuestro estilo de vida, me parece que el Ávila, aún en este momento tan triste, al igual que el Ave Fénix nos enseña que hay vida después de la vida, que vivir no es sólo el simple acto de vivir estático, vivir es resistir, adaptarse a todos los cambios, a lo bueno, a lo malo y a lo peor. El significado de “Ser”, es perdurar, y seguir “Siendo” aún después de la catástrofe. Mañana cuando podamos ver la magnitud de lo que hicieron las llamas, lógicamente nos encontraremos con Ávila diezmado, seguramente será una visión impactante, pero hay que recordar que el Ávila es un alma vieja, recuerden que en Ávila ya vivía en Caracas antes que ustedes, y Dios sabe que fue el Ávila quien les enseñó a ser caraqueños, a ser gente fuerte, gente llena de ánimo todas las mañanas, gente trabajadora, gente dedicada, así los recuerdo.
El Ávila se recuperará, y seguirá siendo por muchos años un imponente símbolo mágico, cautivador y misterioso.
