Ser padre es mucho más que colocar la semilla en la tierra, eso lo puede hacer hasta un niño, y quizás eso sea lo que está pasando en este mundo que moralmente se ha venido abajo. Cualquiera quiere ser un padre, peor aún, cualquiera cree tener lo que se requiere para ser un padre. Si bien es cierto que no se sabe lo que es ser padre hasta el momento exacto en que uno ve a su hijo(a) por primera vez, y que se existen historias que cuentan que algunos hombres cambian cuando se convierten en padres, también es cierto que hay mucho hombre por allí que debería ser esterilizado, y Dios me perdone por decirlo, y la sociedad también, pues no quiero pecar de arquitecto social así como intentaron los nacionalistas alemanes u otras esquizofrenias puristas masivas en la historia. Ojalá hubiera que pedir un permiso legal para procrear, o algo así como el cursillo que se hace para el matrimonio, pero eso sí, la versión extrema (parque temático de distintas sesiones de parto con sangre y todo, cambio de pañales llenos de “sorpresita”, etc.). Entonces es posible que hubieran menos padres que no reconocieran a sus hijos, y cuidado que si estoy excluyendo de esta lista de irresponsables a aquellos padres que por cualquier razón tuvieron que apartarse de su mujer, y como efecto, de sus hijos, ya ellos se han juzgado a sí mismos, lo demuestran en cada intento que hacen por compensar todo lo no vivido con sus hijos, viviendo con el miedo de malcriarlos demasiado y con la impotencia de sentir que nunca es demasiado, ya ellos han ganado el privilegio de ser buenos padres, pues sufren como tales.
Yo le quiero llegar al buen padre, al verdadero, a aquél que vio germinar la semilla, las hojas abrirse, el tallo crecer. Yo quiero llegarle al padre que muchas veces desesperado quiso decirle algo a su hijo(a) pero sabía o sintió que sería incomprendido, a aquellos que intuyeron o descubrieron el verdadero significado de la palabra paciencia con sus hijos, a aquellos que aprendieron a respetar el noble paso del tiempo. Quiero llegarle a todos esos padres que sin ser genios o inteligentes, o siéndolos, la vida los ha hecho sabios, y que con toda la humildad intentan heredar todo ese conocimiento práctico de la vida a sus hijos, y descubren que aún son demasiado niños para entenderlo, y a aquellos padres que cuando sus hijos llegaron a la edad de comprender ciertas cosas, y éste intentó hablarles sobre la vida, descubrió tristemente que ya su hijo lo sabía por que lo había visto por Internet o porque lo habían hablado en clases o se contaron sus amigos. Quiero llegarle a aquellos padres que descubrieron que el verdadero amor nunca pudo ser planificado, ni calculado ni proyectado de ninguna forma, que los hijos tienen su propia vida y su propio ritmo, y que aunque para papi y mami ellos siempre serán sus hijos, la verdad es que nada había sido menos suyo en su vida, porque los hijos deben y van a tener su propia vida.
Yo quiero llegarle a esos padres que descubrieron a un Dios, único y omnipotente, y a la fe en esos momentos en que sus hijos tuvieron problemas de salud, a esos padres que han llorado de mortificación, a los que han hecho sacrificios que ridiculizarían incluso los suicidas hombres-bombas, a los que descubrieron que aquel verdadero amor que tanto se hablaba cuando adolescentes era realmente el amor a un hijo(a). A esos padres me refiero, al que al menos cumpla con una de esas premisas, a ese padre le quiero llegar, pero también quiero llegarle al hombre que se hace padre al aceptar al hijo(a) de otro, y que mas que aceptarlo como propio, no se reserva nada para sí por dárselo a él(ella). A aquellos padres que han recibido mala respuestas de sus hijos, a quienes han tenido que soportar berrinches, necedades, groserías, ingratitud, desplantes, y Dios sabe cuantas otras patadas. A todos los que aún sin haber vivido nada de esto, saben o intuyen lo que les viene, a los que no pero igualmente seguirán apoyando a sus hijos incluso cuando estos lo odien, porque sabe cual es su misión en el mundo cuando se es padre, sabe que todo puede irse por el caño, pero no su hijo.
A los padres incomprendidos; a los que ya no están; a los que quedan; a los que vendrán; a mi padre, agradezco a Dios que me haya dado el tiempo y la oportunidad de conocer a mis padres, especialmente como hombre y mujer, más allá de su rol de padres, tener la sabiduría para entender, tener la dicha de haberles gozado y de disfrutar de ellos, el honor de conocerlos. Ahora sólo puedo imaginar el compromiso asumido con tanta seriedad durante tantos años, los sacrificios en cuanto a sueños, lo espiritual y lo material. En fin, acabo de descubrir que lo que realmente quiero decir no lo puedo plasmar con palabras, así que por acá me resignaré a simplemente agradecerles tanto, tanto y tanto lo que han hecho, oh! Que humanidad! Dios! Se me quedan cortas las palabras. Gracias.
Feliz día del Padre y feliz día de la Madre (retrasado). Feliz día de los Padres.