Durante estos días en los que vagué como perro viejo y abandonado por los rincones del patio de mi vida, tuve la urgencia de pensar y pensar, aún privando el sueño, la paz y hasta el entretenimiento, pero nunca la comida. Pensé en tantas cosas que ya ni las recuerdo, y de seguro que ellas a mi tampoco, y poco me importa ahora, pues eso no es lo que me quita el sueño, ¿o si?.
Táctica y Estrategia de Benedetti es una de esas minas anti-personales que piso de vez en cuando, realmente cuando menos lo espero, innecesariamente. Me hace pensar que algunos tienen el problema de querer cambiar a esa persona que aman o mentar amar, cambiarla, domarla. Me pregunto qué les gustó de ellas en primer lugar cuando veo que su único empeño es hacer de ella otra persona.
Muchas cosas se pierden todos los días, se pierde dinero, se pierde la guerra, se pierde la paz, se pierde el norte y muchos hasta pierden la cabeza. Yo perdí mi cabeza, pero la encontré, pero no era mía, entonces tuve que devolverla pero no sabía a quien, entonces busqué por todas partes sin suerte, hasta que por suerte, recordé la suerte de madre que me dió Diocito, mi madre me regañaba mucho de niño porque yo perdía todo, entonces todo me lo marcaba, a todo le ponía mi nombre, mi número, tipo de sangre, ustedes saben lo normal.
Entonces esa si era mi cabeza, ya decía yo porque la tenía puesta, jojo, a veces pienso que soy un poco lento, lento, lento de verdad. Por eso pensé tanto, o poco, pero durante mucho tiempo. Pero como me pasó cuando probé fumar las ramas esas con las que mi abuela se hacía emparches (y que para el dolor de las coyunturas/articulaciones), cuando avanzaba en mis pensamientos me perdía porque no recordaba en lo que estaba pensando, entonces me reía, si vale, reía mucho, así como ríe la gente en la funeraria, quizá llorando el poco de neuronas muertas.
Pero como te decía pasé el tiempo pensando, y pensando, y concluí que muy pocas cosas tenían sentido, todo era muy superficial o muy profundo como para molestarse, además la gente es muy mala hoy en día, nadie merece la pena realmente, y yo de por sí soy bastante asocial y obstinado, así que pues nada, gracias por regresar, no hacía otra cosas que vagar perdido como perro viejo y abandonado por los rincones del patio de mi vida. Gracias por regresar.