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El orden y caos de mi vida

Lunes, marzo 24th, 2008

Aunque mi vida parece a muchos una extravagante explosión de desinterés y desatención con respecto a las cosas materiales y los recursos del vivir, la verdad es que mucha de esa paz que a veces parezco irradiar se debe a una sobre-planeación de los recursos: tiempo y dinero, y una planificación informal de objetivos a corto, mediano y largo plazo. Por eso muchas veces al hablar con ustedes parezco como alejado, es que estoy aprovechando parte de mis neuronas ociosas haciendo ajustes en esa planificación, como pensando cuanto afectará mi presupuesto si hago esto o me compro lo otro, y bueno, en fin, como a todos nos ha pasado últimamente, es muy poco o casi nada lo que podemos re-direccionar en gastos repentinos o en cambiar la agenda de forma irracional.

El Bolívar fuerte y lo realmente débil que es

Cuando me refería a una planificación informal de mi vida me refería exactamente a eso, no hay nada escrito con sangre ni sobre piedra, las cosas muchas veces cambian ante nuestros ojos y lo único que podemos hacer es adaptarnos y sacrificar oportunidades y ahorros. Pero a generalmente existe un cierto orden, una cierta planificación y distribución racional del tiempo en distintos tipos de actividades y responsabilidades. Igualmente pasa con el dinerillo… Ah! Por Dios, últimamente cada vez un peor tema, afortunadamente nada que incluya estar tocando un acordeón en una esquina junto a un mono vestido de botones con una lata recogiendo dinero (aún), gracias a Dios aún no necesitamos llegar a eso (aunque estuve revisando los precios de los monos en mercado libre, sólo por precaución).

Lo cierto es que este atolladero incontrolable de acontecimientos que afectan a nuestro país nos tiene (o específicamente me tienen a mi) un poco desajustado, los tiempos para re-ajustar los presupuestos, los sueños y los planes cada vez parecen menores, y nuestros esfuerzos cada vez tienden a ser menos recompensados de cualquier modo. Por ejemplo, si las cosas siguen como siguen, de que me valdrá mi futura ingeniería en la UNA si sólo conseguirán trabajo los egresados de las Universidades Bolivarianas y otros institutos alineados con el gobierno de turno. O peor aún, si no habrá ninguna diferencia entre lo que yo pueda obtener y lo que pueda obtener un coño ‘e’ madre que lo único que hace es ponerse una franela roja y salir a la calle cada vez que su presidente así se lo ordena. ¡Coño!.

El dolor de los dólares en mi cabeza

La verdad es que yo soy de los pocos venezolanos de a pie que a pesar de tener un trabajo freelance, apenas facturo un par de céntimos fuertes por encima del límite que nos exige a todos los compatriotas pagar el impuesto sobre la renta. Bueno, yo soy el único güevón que no sólo lo declara, si no que paga esa vaina, soy de los pocos venezolanos que realmente utilizaba su cupo en dólares para consumo por Internet para comprarse cosas para si mismo o para regalar a amigos y familiares, y que quede claro, no compraba precisamente caraotas marrones o lentejas, sino cosas que realmente no se manufacturan en este país. En cuanto a divisas, este gobierno me jodió bien jodido, y ¿por qué a mi?. Ahora, cada vez que compro las mismas cosas, ¡ojo! Que compro por necesidad, me cuesta todo un ojo de la cara y los hijos de putas que me lo venden ni siquiera le ponen un listón o un lazo como para que uno diga que le han agregado algún valor, no ¡mi Dios! Lo que uno paga es una cadena de enriquecimiento express que lo deja a uno en la más miserable de las peladeras de bolas. ¡No puede ser! ¡No es justo!.

¿Qué debo hacer?

Mi vida está en una posición en la que aún hoy cómodamente puedo decidir si seguir como estoy (trabajando freelance aún cuando las cosas se han vuelto más inseguras e inestables que de costumbre), o volver al esquema clásico del empleo común (con lo que no tengo nada en contra siempre se satisfagan ciertas condiciones), el problema es que como muchos recordarán me vine al interior del país, ya no vivo en la progresista y en la todo-va-estar-bien Caracas como hace dos años atrás. En Caracas tengo contactos para conseguir buen empleo con relativa facilidad, acá donde vivo ahora esto es un hermoso pueblo de la provincia, donde vivir es relativamente económico, tranquilo y muy cómodo. La trampa está en que como algunos que conocen el interior de Venezuela saben acá no hay muchas empresas que tengan una Vicepresidencia de Tecnología o Automatización, si acaso cuentan con pequeños departamentos IT de una o más personas, generalmente 20 como máximo, y me refiero a empresas o industrias realmente grandes por estos lados. La remuneración y la evaluación de los cargos en nuestra área de IT es muy primitiva y realmente no hace buen dinero, muchas veces ni siquiera lo justo. Por estos lados siguen pensando que el mientras más teclas pulsa uno es sinónimo de un mayor trabajo. Aclaro que no todo es así por acá, pero si en la mayoría.

Por lo que mi acostumbrado estilo de vida y tren de gastos se ven amenazados y eso también me tiene un poco atolondrado para no decir que cagado. Las tarjetas de crédito no se pagan solas, así como tampoco los gastos en servicios, la comida, el transporte, el noviazgo, los gastos de una casa (porque aunque vivo con mis padres absorbo varios de los gastos, y digo varios), y todo lo que ustedes como personas grandes hechas y derechas saben. Así que a tomar decisión por así decirlo tampoco, creo que la decisión ya se tomo sola, o muevo este picihirriado-de-dios culo mío y me pongo a buscar empleo y/o clientes, o me atengo al desastre que tan obviamente se acerca.

La esperanza es lo último que se pierde

Algún día estas preocupaciones desaparecerán, o al decir verdad, se aminorarán debido a una virtual e impermanente mejora en el panorama económico, realmente espero que se arregle por dos ángulos, desde el que como a todos deseo que mejoren mis ingresos y también que de manera general todo vuelva a estabilizarse, que reaparezcan los productos de consumo, que liberen los dólares ¡por favor! (o almenos restablezcan el consumo por Internet en $3000), que el bolívar sea realmente una moneda fuerte no sólo afuera de este país y por sobre todo, ¡Dios! Por favor haz que el dinero rinda, que las cosas no encarezcan más y más, ilumina el corazón de los abusadores y especuladores.

¡Hasta pronto! Y felicidad para ustedes, mis estimados.