Archive for noviembre, 2007
Hoy son 11 meses …
Viernes, noviembre 2nd, 2007Ya tengo edad para saber que todo se ha dicho en este mundo, que nada de lo que diga será una revelación, mucho menos algo nuevo. Ya no me permito el ser tan ingenuo. Aclarado esto debo decir lo siguiente:
En estos 11 meses no creo haber adquirido ninguna nueva habilidad especial, no he desarrollado la habilidad de mover objetos con sólo pensarlo y para ser humilde y más realista, ni siquiera creo haberme convertido en mejor persona. Sin embargo, me parece muy obvio que en estos 11 meses algo ha cambiado muy profundamente en mi, es algo tan profundo que de seguro hasta al ojo más sensible es imperceptible.
No te eches a reír cuando te diga que ya me es imposible imaginar las mañanas sin intercambiar las pocas e incluso hasta rutinarias palabras que nos decimos por razones triviales de la vida. Ese pequeño espacio que es tan fácil dejar de percibir es el pedacito de mañana que la vida nos regala, y para bien o para mal, conociendo como es la vida, no puede ser increíble todo el tiempo, ni maravilloso como todos los momentos románticos con que nos invaden las películas. A veces simplemente tiene que ser como es, de hecho, las cosas son como deben ser y punto. Lo cierto es que no podría vivir incluso sin esa mínima interacción por las mañanas.
Especialmente porque cada mañana es ese episodio posterior a cada noche, como cada noche en que nuestros cuerpos simplemente se acercan buscando calor, buscando hogar. Nuestras pieles ya tan acostumbradas a nuestras caricias ya tienen marcadas nuestras manos hasta el más mínimo detalle de nuestras huellas dactilares, de nuestras cicatrices permanentes, internas y externas. Nos hemos vuelto cauce y río de nosotros mismos. Tu eres la audiencia de mis ronquidos como yo el fanático tele-vidente del programa que te graba mientras duermes.
Nuevamente me encuentro en la incómoda situación de querer y poder escribir mil cosas que recuerdo y siento, pero te aburren los textos largos, lo cual es genial porque así dejo de divagar y simplemente te digo que te amo, y que no hay caminos hacia tí, no hay mapas, no hay guías turísticos ni precauciones. En 11 meses apenas he alcanzado a entender que tu eres el camino, y que el “hacia dónde vamos” o “cuándo llegamos” es la peor y más triste manera de arruinarlo.
Porque Dios sabe que no hemos llegado hasta acá pensándolo demasiado, de haberlo pensado mejor con lo auto-saboteadores que somos, no hubieramos dado oportunidad ni siquiera a un comienzo.
Felizmente no fue así, y el tiempo y mi corazón son testigos.